viernes, 21 de agosto de 2015

Grupo social, ¿cuán necesarios son en tu vida?

Ya voy viviendo dos años como una ingeniera independiente, sí, de las que no tienen horario de oficina y trabajo según me llegan oportunidades. Al inicio debo decir que me asustó mucho saber que no tendría un salario fijo cada fin de mes, de alguna manera eso me ayudaba a planificar cuánto ahorrar y cuánto gastar; sin embargo, esa sensación fue llenada con el tiempo que tuve para volver a hacer cosas que no hacía por el tiempo que me consumía el trabajar: jugar voleyball, ir a visitar a mi familia de Ayacucho seguido, salir con amigos que no veía de tiempo, poder viajar un día de semana a pasear.

Debo decir que si te encuentras ocupado el 100% de tu tiempo es genial, pero si pasas más de una semana sin algún trabajo ya te empiezas a preocupar, e incluso me pasa que me deprimo, que no quiero despertarme pues pienso que será un día más. Por eso debes mantenerte ocupada, la mente debe estar buscando cosas que hacer, qué pensar, qué planificar. En mi caso me metí en algunos grupos de liderazgo político juvenil donde pude conocer a gente genial.

Hoy fue un día ocupado, un día en el que tuve que estar en una oficina casi todo el día, recordé como extraño el grupo social del último trabajo en el que estuve, poder tener after office, reuniones de confraternidad donde te sentías parte de un equipo al cual veías más de ocho horas diarias, que se habían convertido en grandes amigos y excelentes compañeros de trabajo.

Entonces me pregunté cuán necesario es para una persona sentirse parte de un grupo, sea cual sea, puede ser laboral, de un voluntariado, de algún estudio o de un grupo comunitario que trabaja por algo. Creo que extraño ese interactuar con la gente, bromearte, incluso pelear por alguna coordinación mal hecha; es muy diferente la relación con los miembros de tu familia que ves a seguido.

Por eso, me puse a pensar de mis clases de Sociología que llevé en Pregrado y recordé que el humano es un ser social, su razón de ser es esa, interactuar y comunicarse. Y sentí que se me está olvidando ese lado de mi ser, lo extraño y espero pronto vuelva.

viernes, 7 de agosto de 2015

"Sólitos e insólitos" de Baltazar Azpur Palomino

Libro de escritor ayacuchano, profesor de nuestra primera casa de estudios, la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga- UNSCH.

Llegó a mis manos sin querer, al parecer era parte del Plan Lector de mi hermana que cursa segundo grado de Secundaria, no sé si lo haya leído o no, pero lo encontré en un sillón de la sala esperando que alguien lo coja y lo limpie del polvo que se había instalado sobre él.

Decidí leerlo pues ya no tenía un libro disponible en casa que quisiera leerlo, no he leído a muchos autores de Ayacucho, así que decidí empezar a leerlo. Es una compilación de textos, poemas, versos que se dividen en tres capítulos: Universal, Nacional y Regional. Hay historias cortas que te llenarán de tristeza pero también otras que te harán reir. Las relacionadas a narrar de manera insolente e irónica el Gobierno de Fujimori fue un gran éxito, en una de las historias llama el monstruo de dos cabezas a la dupla Fujimori- Montesinos.

Quise extraer algunos extractos que podrían interesar a algunos de los lectores:

HIPÓTESIS AMOROSA:
El científico que proyectaba las hipótesis de un trabajo de investigación, fue cortado a pico por su consorte, al verlo tan abstraído, sin prestarle atención:
- ¿Cómo defines el matrimonio?
- El matrimonio es la hipótesis del amor: la vida conyugal la confirma o la rechaza.

RIQUEZA VERSUS POBREZA
- Sí, definitivamente, sobra: al rico le sobra la plata y sobra cuando come; al pobre nunca le sobra (porque siempre le falta) y vive de la sobra. ¿Es o no sobra, la palabra clave?

Dejo la imagen de la portada para su deleite.

jueves, 6 de agosto de 2015

Días malos

Querer y no poder,
querer y esforzarse,
buscar y no encontrar,
desear con la mente y no conseguirlo.

Luchar por un ideal,
no dormir trabajando en eso,
soñar con nuevas propuestas,
decírtelo y creértelo pero no lo logras.

Contárselo a los demás,
pensar que estás a punto de lograrlo,
que falta sólo un paso para llegar,
tener esperanzas y no llegar a la meta.

Son esos días: los malos,
los que suelen pasar en los días más tristes,
los más nublados,
esos días en los que la mente pelea una batalla.

La batalla por creer que todavía se puede,
que falta poco para llegar,
que es cosa del tiempo que suceda,
que todo valió la pena.