lunes, 18 de enero de 2016

"La distancia que nos separa" de Renato Cisneros

El libro me lo regaló José, mi enamorado,  junto al libro “Raro” del mismo autor, fue en las vísperas de mi cumpleaños número 27 en Ayacucho. Había pasado casi todo el año quejándome de no poder ir a una librería o a alguna feria para poder comprarlo, mientras que en Ayacucho no hay ninguna librería que venda libros originales; así que decidió darme la sorpresa en una envoltura de papelógrafo y un laso azul, mi color favorito.

Esos días estaba leyendo a García Marquez, por lo que recién lo empecé a leer el 31 de diciembre en el vuelo que me llevaba a Iquitos para pasar Año Nuevo allá; me ha acompañado durante ese viaje y en mis jornadas en las combis y Metropolitano; finalmente anoche, luego de dies días, terminé de leerlo.

“La distancia que nos separa” es un libro sobre el padre de Renato Cisneros y su historia (se aclara al inicio que el personaje es ficticio), tuvo que ahondar en lo poco que sabía de él para armar una novela que narrara la historia de la que él y sus hermanos poco conocían, permitiéndole iniciar una investigación que lo llevaría a viajar a muchos lugares y conocer muchos personajes que él desconocía de su padre. A modo resumido, su padre es un Ex Ministro del gobierno de Belaunde, con mucho poder e influencia política; además tiene varios romances con mujeres, producto de ello varios hermanos y hermanas.

No quisiera ahondar en el resumen, sino más bien en lo que produjo y la meditación que tuve sobre la relación que tengo con mi padre: mi padre también es un ser misterioso, una persona que siento no conozco ni la mitad, siempre con sueños y actividades por hacer, una personalidad parca. Con muchas palabras y argumentos a la hora de proponernos nuevos retos o comentarnos noticias; pero de poquísimas palabras para expresar sus sentimientos, frustraciones o miedos.
Desde que tengo noción, siempre ha sido muy exigente conmigo, en el colegio no le sorprendían mis excelentes calificaciones y premiaciones, su semblante me sugería que podía hacer y lograr más; no solamente en los estudios, desde pequeña me inculcó el amor al deporte y las competencias. Sugería que pudiera participar de torneos, yendo a verlos desde la tribuna más lejana, si ganaba o perdía igual se retiraba antes de que pudiera alcanzarlo para darle un abrazo; pero me hacía saber que le interesaba y gustaba ir a verme.

Han sido las veces contadas en las que nos ha llenado de frases cariñosas como un “te quiero” o “te extraño”, de una personalidad fría, con las frases exactas para hacerte saber que ibas por buen camino, y con miradas duras cuando hacía algo mal o estaba decepcionado. Sin embargo, no podría dudar del amor que nos tiene a las tres ni a mi mamá; cuando nace Andrea, la última de las Carrillo Palomino, se convertirá en una persona más cariñosa, y en demasía con ella, usando frases más dulces como “pequeña” o “mi pequeña”. Provocando en mi ciertos celos por no haber tenido el privilegio de que esos adjetivos fueran para mí, su primogénita.

Mi padre ha sido juez, fiscal, abogado de importantes empresas; también postuló en una oportunidad a la Alcaldía de Huamanga, no pudiendo ocupar el tan ansiado sillón municipal quedando tercero. Ahora se dedica a defender a culpables e inocentes, con buenos honorarios de personas adineradas que acuden a él, así como dispuesto a aceptar pagos de gallinas, tubérculos u otros en lugar de billetes. Así es él, una persona modesta a disposición de los que lo requieran, de un vestir sencillo y amante del huayno ayacuchano de antaño.


Admiración y agradecimiento es lo que surge en mí al pesar en él, por haberme inculcado valores importantes, haber pagado mis estudios e inculcarme el amor a la Tierra y al deporte. Sin embargo, algunas veces también desconfianza, cuando no sabemos dónde está, o impotencia, cuando no acepta otra forma de hacer las cosas que la suya. Creo que la conexión con mi padre ha sido vital en mi crecimiento y desarrollo; pero siento que lo desconozco, ojalá poco a poco pueda entrar en su vida y me permita asomarme en esos capítulos de su vida que para mí aún son terreno desconocido.

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