domingo, 22 de marzo de 2015

Una vaca y su becerra huérfana

Me encanta desconectarme del mundo, para lo cual me voy a Tambo, comunidad del Distrito de Vinchos en la Provincia de Huamanga; donde se encuentra el fundo de mi abuelo Felipe. Tambo como muchas zonas rurales del país, sólo cuenta con energía eléctrica, no hay cobertura de telefonía celular, menos teléfonos públicos, la cabina más cercana se encuentra a una hora y media en Ayacucho; en el caso de radio sólo capta algunas emisoras en AM, y si está lloviendo, olvídate de escuchar radio.

Desde que tengo uso de razón he amado Tambo y me he sentido muy afortunada por poder acceder a un lugar casi paradisíaco por el paisaje y la lejanía al estrés de la ciudad. Sin embargo, hoy sentí que no es justo que hayan ciudades tan lejanas y que pareciera invisibles para los demás; y lo digo por la falta de elementos claves para su desarrollo, en especial la comunicación.

 Ahora detallo el por qué de mi frustración: hace una semana mi papá compró una vaca mejorada lechera con su pequeña becerra que la trajeron desde Huancayo, obviamente el objetivo era darle a las personas del fundo una opción más para que puedan producir más leche, más queso y más ingresos. Sin embargo, a la llegada de la vaca, un toro al querer montarla la tumbó y le terminó quebrando la pata derecha trasera, lo que la inmovilizó.

El diagnóstico final no se pudo conocer hasta cuatro días después, no hubo la posibilidad de llamar a un veterinario en ese momento, ni menos de trasladarla. Al día siguiente se tuvo que enviar a un mensajero a Ayacucho, se coordinó para que recién al día siguiente pudiera ir un veterinario. El especialista al no poder parar a la vaca no pudo hacer diagnóstico, tuvo que volver a los dos días con un ayudante para que pudiera ayudarla a parar y palpar la zona y reconocer el quiebre de la pata.

Ante una ruptura de hueso, el único camino para un animal tan grande es sacrificar al animal. Sin embargo, ya ha pasado una semana y el no tener un medio de comunicación, ha imposibilitado coordinar el transporte para el animal.

Lo peor es que desde el primer día, la vaca tuvo que estar echada, debíamos alcanzarle el pasto y agua para que beba; tuvimos que hacerle un techo para que no se moje por las intensas lluvias; sin embargo, toda la orina y excremento no pudo evitar que se generara mucho barro. ¿Y su becerra?, desde el primer día intentó acceder a las ubres, la lamía, pareciera que la animaba a que se parase para que pudiera darle leche; sin embargo, ni sus súplicas ni la de todos que la veíamos pudieron hacer un milagro.

Pero no todo es tristeza, pudimos encontrar a una vaca nodriza que compartiera toda su leche entre su becerro y la becerra huérfana. Les dejo las fotos de la becerra amamantando a su madre adoptiva y de la madre que mañana será sacrificada.




domingo, 8 de marzo de 2015

Día de la Mujer o Día de la Madre o de San Valentín

"¡Feliz día de la mujer!", es lo primero que leo en la pantalla de mi celular hoy al despertar, es imposible haber olvidado este día cuando desde ayer en la radio y TV abundaban saludos como "Feliz día a la mujer más hermosa del mundo, mi madre" o "A mi chiquita que la amo"; o muchas empresas animaban comprar lo que sea para felicitar a alguna mujer por su día, por haber nacido mujer y no hombre.

Pareciera que se ha olvidado que hoy 8 de marzo se conmemora significativamente un proceso de lucha que se inició desde la muerte de casi 150 trabajadoras de una empresa textil en 1857 y sucesivas huelgas por los derechos laborales en Estados Unidos y otros países; hasta que en 1975 las Naciones Unidas conmemora por primera vez el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Otro punto importante, es que pareciera ser que la gente reconoce este día como un segundo día de la Madre o de San Valentín, no es de extrañar que los programas sabatinos abrieran sus redes sociales para saludos por este día. El mensaje más desubicado que pude ver fue la de un tuitero que indicaba "saludos a mi amor, por quererme y aguantarme". Señores y señoras, este día debería ser de reflexión y mucho debate, no para agradecer a la mujer por sus condiciones más estereotipadas como son la paciencia, el dar sin esperar recibir, por su carácter maternal y otros que se nos asigna.

Acá debo mencionar quizás el por qué de mi indignación de la transgresión de este día: estoy desarrollando la tesis de la maestría sobre la poca presencia de mujeres en puestos ejecutivos y directivos en el país; para lo cual mi compañera y yo entrevistamos a veinticinco mujeres ejecutivas de importantes empresas del país. Lo cual nos sirvió para entender el panorama de esta problemática social (que es sólo una de las tantas que aquejan a las mujeres: violencia física, sexual, acceso a educación, salud, participación política, uso de tiempo, división sexual del trabajo, disparidad en acceso laboral y diferencia salarial)

A pesar de que los dicadores que maneja la INEI a nivel nacional muestran un avance considerable en el país en relación a acceso a trabajo y nivel salarial; a nivel Perú e internacional se ven indicadores que alertan de que la cultura machista todavía se acentúa en los niveles más altos de las empresas, donde todavía no se considera apta a una mujer para que pueda ocupar estos cargos, y lo que es peor: las mismas mujeres no aceptan el reto de seguir escalando pues implica menos tiempo para su familia, lo que conlleva a un rechazo social.

Las causas de este problema son diversos, es un círculo vicioso; pero la herencia cultural que tenemos parece ser la que inconscientemente hace que muchos varones desconfíen de sus pares mujeres, así como las mujeres no se sientan capaces de ocupar cargos gerenciales. No podemos acá olvidar acciones que desde pequeñas hemos visto, como cuando una abuelita sirve primero al varón y obviamente tiene que ser la presa más grande, nos han enseñado que no podemos andar solas por las calles pues somos vulnerables y menos vestidas provocativamente, las mujeres que hacen trabajo de fuerza se las señala como machonas o lesbianas, nuestras mamás que critican a una mujer porque no cuida a su hijo y se va a trabajar, si un niño tiene problemas de comunicación o de estudio se imputa la culpa a la madre que no lo cuidó bien, etcétera. Podría llenar esta página sólo de ejemplos que vemos todos los días, que nos han transmitido desde la infancia.

Por lo tanto, creo que este día lo que necesitamos no son flores ni chocolates, creo que para eso es nuestro cumpleaños, sino más bien, que nosotros, como sociedad reflexionemos de como en nuestro actuar diario ayudamos a que la tan ansiada equidad de género puede lograrse desde nuestras posiciones, desde evitar dar frases estereotipadas por sexo, de dar nuestra voz de protesta cuando vemos que se vulneran los derechos de una mujer sólo por su género, y olvidar que el rosa es para la niña y el celeste para el varón.

El camino es largo, todavía no podemos celebrar el día de la Mujer.



lunes, 2 de marzo de 2015

"No será la Tierra", el cuarto libro del año

Libro prestado, debo entregar un chocolate por el favor.
Empecé este libro con poco entusiasmo, la imagen de la portada de dos hombres sobre una estatua me sugería que se trataba del derrocamiento/ alzamiento de algún personaje histórico. No soy de leer la contraportada hasta que ya entienda un poco la trama, para no ser prejuiciosa en la primera lectura. Sin embargo, decidí darle la justa oportunidad, como todos los libros deben tenerla, de leer las primeras páginas para ver si lograba interesarme en una nueva historia.
El estilo de Jorge Volpi me envolvió en la trama, el libro narra la historia de tres mujeres: Eva, Irina y Jennifer; se narra en tres actos. Inicia con lo que sería el desenlace de la historia. Lo que más me atrapo es que detrás de las historias de las tres que se van narrando en paralelo, se narra el contexto desde el crash del '29, pasando por la caída del muro de Berlín, el fracaso de la URSS y el proyecto del Genoma Humano.
Fue como una clase de historia, en realidad tuve esa sensación de volver a recordar nombres que en algún momento habría escuchado en el colegio, osea hace casi 10 años; nombres rusos como Gorbachov, Yeltsin o una larga de científicos nombrados como Norbert Wiener. Si bien, en algún momento me perdí con la cantidad de nombres, en especial los rusos que son tan difíciles de recordar para mí, pude seguir la trama y entenderla.
Los tres personajes que más me atrajeron fueron: 1. Oksana Gorenko, hija de Irina, su padre Arkadi fue preso por el gobierno soviético, éste trauma generó en ella una rebeldía que la alejaría de su familia y la mataría de la forma menos pensada. El nombre de esta novela fue elegido de los escritos que ella deja cuando muere, ahí su importancia; 2. Jack Wells, simboliza la codicia, empresario encantado con Wall Street, las acciones y encontró la manera de hacerse millonario basado en una economía de especulación, o al menos aparentar serlo, con la empresa DNAW, laboratorio que permitiría encontrar la cura al cáncer por el compuesto C225; finalmente, 3. Irina, a pesar de que olvidó a su hija Oksana por apoyar a su marido, primero en la campaña para liberarlo de la prisión y luego en su carrera política, no se dejó cegar por el dinero y lujo que tendrían, fue capaz de dar los indicios para denunciar a Jack Wells y su empresa fantasma.
Considero que es un buen libro, además te permitirá repasar un poco de la historia que transcurre entre 1929 y 2001 de una manera diferente, concentrándote en seguir la trama de cómo se juntarían tres mujeres de diferentes partes del mundo en una sola historia, con un final que no se advierte; pero que permite hacerte reflexionar de como se esconden intenciones oscuras detrás de discursos que llaman a la solidaridad y bien de las personas. De cómo la codicia por controlar el mundo puede llevar a las personas a olvidar cualquier principio ético, traicionar a tu familia, hasta olvidar por lo que siempre luchabas.
Para terminar, quisiera dejar transcrito dos frases que me gustaron y me tienen pensando sobre el destino al que va al mundo, el destino que la humanidad se sigue trazando:
- "Pero lo más indecente- debía emplear esta palabra- era que los recelos y las peleas no se concentraban entre judíos, musulmanes y cristianos, sino que al interior de cada confesión pululaba un sinfín de sectas enemistadas: judíos sefradíes y ashkenazis; cristianos ortodoxos, católicos, armenios y coptos; musulmanes chiíes y suníes." (pp. 440); sobre los viajes de Allison, hermana de Jennifer, a Jerusalén dentro de una ONG.
- "Y pensó en Zhenia, y en su madre, y en Ánniushka, y en el mundo como un yermo. Y se dijo: No será la Tierra" (pp. 500); Oksana antes de morir.

"Nación Prozac" y un viaje al pasado

Este libro me lo prestaron, el como llegó a mi es curioso: salí a correr una mañana nublada, cuando ya estaba por terminar me pareció ver a mi novio, luego al dar la vuelta lo volví a ver, lo saludé siguiendo el trote y me dijo que había dejado un libro en mi apartamento; luego de la rutina de ejercicios, volví a casa y obviamente lo primero que necesitaba era saber qué libro era.
"Nación Prozac" de Elizabeth Wurtzel y su portada con la imagen de varias de éstas pastillas me provocó intriga, pensé que sería una narración alrededor de la depresión, no me equivoqué. Éste libro es una autobiografía de la autora, quien a sus 26 años decidió publicar sus experiencias con la depresión, cuyos inicios los tuvo desde su infancia y llegando a los picos más profundos durante su vida universitaria en Harvard. Narra su inicio en el consumo del prozac luego de haber pasado por muchos fármacos que le eran administrados para tratar su depresión crónica.
Algo que impresiona al ir pasando las páginas es el grado de depresión al que llegó, depresión que la inmovilizaba, incluso anulaba sus pensamientos y planes, a pesar de ser muy inteligente y considerada como una niña prodigio. Creo que Elizabeth ha pasado algo que creo la mayoría pasa en algún momento de su vida, sentir que no hay más fuerzas para levantarte por la mañana, tener largos ciclos de llanto, olvidar a tus amigos e incluso, empezar a consumir drogas para sentir esa emoción que ha perdido la vida.
Ella empezó a sentir la apatía en la infancia, ante el divorcio de los padres y constantes peleas de las que ella era testigo; acá quiero que volvamos al pasado, a esos días en los que eramos niños, cuántos de los principales traumas se generaron en esta etapa, las inseguridades que crearon las vivencias que tenemos ahora ya adultos.
En mi caso, volver a la infancia es recordar los días de juego acompañada de mi hermana menor y primos, recordar las escondidas, el "chepis" cuando jugábamos encantados o la chapada, el aprovechar las fiestas de cumpleaños de los familiares que era la ocasión propicia para reunirnos y jugar. Recordar los cumpleaños y esperar que mis papás subieran a cantarme las mañanitas, compartir el coctel acompañado de galleta soda. También, es volver a los días de viaje a Tambo, correr en el campo, coger flores y jugar a la tiendita con monedas de piedritas que incluían vuelto.
Pero también es recordar los días en los que papá llegaba muy tarde y mareado, lo que causaba la amargura de mi madre y peleas que no sólo fueron verbales; llorar en silencio con mi hermana al escuchar las palabras que iban como flechas filudas de un lado a otro, y rezar pidiendo que terminara todo, que fuera el día siguiente y que algo hiciera dejar el alcohol a mi papá. También las principales inseguridades en el colegio, cuando empezabas a compararte con las demás niñas y te dabas cuenta que no eras tan bonita o delgada como Fulanita, que la otra tenía zapatillas o ropa de marca, mientras tus papis sólo podían comprarte lo que les daba modestamente sus sueldos.
Es así, que muchos hemos tenido estas sensaciones, sin embargo, algunos lo superaron bien y sólo se quedaron como malos recuerdos. Otros, como Elizabeth y yo, las fuimos acumulando y se volvieron una enorme bola de de nieve, que año a año iba creciendo, hasta ser incontrolables, que sólo podían ser superadas con la presencia de un especialista médico que pudiera darte las píldoras mágicas para sentirte menos ansiosa y menos depresiva.
La depresión, en mi experiencia, es un círculo vicioso que al inicio podrías controlar, pero en un momento ya no eres consciente de tus actos, cualquier esfuerzo, palabra, lamento, grito tuyo o de tu familia no será suficiente; se necesita una ayuda química (textualmente "inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina") y mucha voluntad; no es como una enfermedad física que superas con una buena dosis de pastillas; acá la receta es mucho más compleja que considero que la depresión te acompañará toda la vida en menor o mayor grado, será común tener episodios depresivos o ser más voluble a ciertos momentos; en mi caso problema con los alimentos, pero eso lo ampliaré en otro post.
En el caso de Elizabeth, luego de probar el Prozac descubrió que podía sentir al menos las ganas de despertarse; ella a sus 26 años cuenta que aún tiene ciertos episodios de depresión. Lo más interesante del libro es que te permite reflexionar de como ha crecido la industria de los antidepresivos, en torno a una sociedad más triste, incluso en el epílogo se narran casos de animales a los que se les suministra esta pastilla. En pleno siglo XXI, a pesar de todos los avances tecnológicos y en la medicina, cada vez más gente se suicida, siente que no tiene sentido la vida, sé que es difícil encontrarlo, pero debemos hacerlo.